EDITORIAL
OPINIÓN: La paz de Santos está embolatada
Por: Oscar Morales Guevara - Mayo 23 - 11:37 pm 8492 hits

El fin del Fast Track, una Corte Constitucional en alerta, y un duro momento con EEUU, ponen en jaque el proceso con FARC.

OPINIÓN: La paz de Santos está embolatada

 Oscar Morales Guevara Emisoras ABCLa última semana no fue nada fácil para el Presidente Juan Manuel Santos en su intento de lograr - al costo que sea - la implementación de los acuerdos que firmó con la organización terrorista FARC.

Por un lado, la Corte Constitucional por fin le puso un tatequieto al inconstitucional invento del 'Fast Track', burdo mecanismo a través del cual un Congreso arrodillado aprobaba a 'pupitrazo' y sin debate los acuerdos con las FARC presentados por el Gobierno, muy a pesar que estos fueron rechazados por los Colombianos en las urnas el pasado 2 de Octubre.

Punto por punto, y a la brava, el acuerdo rechazado se abría paso a través de decretos presidenciales, gracias a las "facultades especiales" otorgadas al Presidente, facultades que han puesto en entredicho la institucionalidad del país.

Exabruptos como permitir que 1200 terroristas FARC integren el cuerpo de escoltas de la Unidad Nacional de Protección fue otro asunto que, enhorabuena, la Corte Constitucional echó para atrás.

Por ello, la oportuna decisión de la Corte Constitucional de devolver al Congreso su facultad legislativa, es un fuerte llamado de atención a los que creen que los acuerdos de La Habana están blindados y que las FARC están por encima de la Constitución, tal y como lo propone Timochenko en reciente carta dirigida al presidente Santos quejándose por la decisión de la Corte. Blasfema carta en la que, por cierto, el líder de las FARC compara a su organización con "el Cristo a crucificar".

Ni el acuerdo está blindado, ni el congreso está castrado, al parecer. Según la decisión de la honorable Corte, los congresistas podrán revisar y modificar todo el contenido de lo acordado entre Santos y las FARC, lo cual inevitablemente extenderá el calendario pactado.

De hecho, ya las FARC anunciaron que no entregarán armas el día 31 de Mayo, considerado el día D+180 del acuerdo pactado, fecha en la cual la totalidad el arsenal de las FARC debería supuestamente pasar a manos de la ONU.

Si las FARC hacen ese anuncio de forma tan amenazante, es porque posiblemente aún tienen su arsenal intacto. No se sabe con certeza cuantas armas han devuelto a la fecha.

Mientras la ONU habla de 140 armas, Santos y el Ministerio de Defensa hacen anuncios de 14 mil. Todo es muy contradictorio, especialmente si tenemos en cuenta que FARC pueden renovar su arsenal en cualquier momento gracias a su inmensa fortuna, calculada en 10 billones de dólares por el semanario londinense The Economist. Tan es así, que nadie sabe si FARC han seguido comprando armas y abasteciendo su arsenal a través de la porosa frontera con Venezuela durante estos últimos años de negociaciones.

Lo que sí se sabe con certeza en cambio, es que el Ejército Nacional encontró una caleta de FARC clandestina, con armas que no estaban reportadas, y que la ONU tendría que entrar a revisar 900 de estas caletas - escondidas en los lugares más inhóspitos de la selva colombiana.

El hallazgo de la caleta por parte del Ejército provocó una reacción muy airada por parte de Timochenko, lo cual probaría que FARC no están jugando limpio, o que piensan dejar parte de su arsenal en la absoluta clandestinidad. Como diríamos coloquialmente en la Costa Caribe, el tema de la entrega de armas es todo un "chicharrón" para el Gobierno y la ONU.

Por otro lado, en el frente internacional tampoco le ha ido bien al presidente Nobel de Paz.

En vísperas de su visita a Washington para su primer encuentro oficial con el Presidente de Estados Unidos Donald J. Trump, una dura editorial de la columnista Mary Anastasia O'Grady publicada en el Wall Street Journal  - titulada A Colombian Shakedown in Washington - echó al agua al presidente Santos, denunciando la impunidad que concedió a FARC, el crecimiento sin control de los cultivos de coca en el país, y su amistad con las dictaduras de Cuba y Venezuela.

La editorial de O'Grady fue secundada por el Gobernador de la Florida Rick Scott, quien dirigió una carta al Presidente Trump dos días antes de la visita de Santos, misiva en la que elevó denuncias de los colombianos residentes en la Florida, relacionadas con el incremento de la producción de narcóticos y el desconocimiento del resultado del plebiscito.

El Gobernador Scott También le recordó al presidente Trump sobre la impunidad concedida a los terroristas en Colombia a pesar de que varios líderes de las FARC han sido solicitados en extradición y sus órdenes de arresto aún siguen vigentes en los Estados Unidos.

Al parecer, éstas cartas lograron su efecto, y en una durísima rueda de prensa al final de la visita de Santos el pasado 18 de Mayo a Washington, el presidente Trump le 'cantó la tabla' delante de periodistas de todo el mundo, reclamándole por el incremento desbordado de la producción de cocaína hacia los Estados Unidos, la cual alcanzó records históricos en el 2016.

Trump obligó a Santos a comprometerse en la lucha frontal contra el narcotráfico en el corto tiempo, que es lo mismo que decir que Santos está obligado a mostrar resultados en la erradicación de cultivos ilícitos de manera inmediata si de verdad quiere que Colombia siga recibiendo la ayuda americana. ¿Volverá acaso el glifosato? ¿Cómo hará Santos para cumplirle a Trump, cuando ni siquiera el Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas es capaz de informarle al país cuántas hectáreas de hoja de coca han sido erradicadas de forma manual?

En un ambiente enrarecido por las contundentes cifras de coca colombiana presentadas por el presidente Trump, ¿Cómo habrá hecho el presidente Santos para explicarle a su par americano que el narcotráfico es ahora un delito político y aministiable, a la luz de los acuerdos de la Habana? ¿Cómo hará Santos para lavar la imagen de Colombia, cuando el planeta entero sabe que volvimos a ser el imperio cocalero del pasado?

Por ello, no causa extrañeza ni la renuncia del Embajador de Colombia en Washington Juan Carlos Pinzón al día siguiente de la visita de Santos, ni la noticia de que el Presidente Trump ha decidido recortar la ayuda a Colombia en un drástico 35%, con efectos inmediatos.

Santos fue por lana, regresó trasquilado, y no la tiene fácil a partir de ahora.

No mientras siga empeñado en ceder ante cada capricho de Timochenko y las FARC. No mientras considere que es más importante rendirle cuentas al líder de las FARC desde Washington, antes que hacerlo ante los colombianos.

No mientras insista en desconocer la voluntad de los colombianos expresada en las urnas, y no mientras la coca siga siendo el tema central de la relación de Colombia con Estados Unidos.

Y no mientras las órdenes de extradición de los líderes de FARC sigan amenazando a un proceso de paz que hoy se encuentra en cuidados intensivos.

Y todo esto sucede ante un panorama nacional deprimente. Policías asesinados a diario víctimas del 'Plan Pistola', al tiempo que la guerrilla del ELN se reencaucha y aumenta su ataques contra la población.

Súmele los paros de maestros y taxistas, y una Buenaventura con rabia y marchando en la calle ante los constantes incumplimientos de un gobierno que todo lo promete, y nada cumple.

Muy lejos estamos del espejismo de paz que prometió el presidente durante su campaña.

La triste realidad nos muestra que hoy día proliferan grupos armados uno tras otro, que en Colombia existe un mar de coca que financia el gran aparato del crimen, que la Policía se esconde en sus cuarteles ante las amenazas del Clan del Golfo, y que nuestras ciudades hoy sucumben ante el flagelo del microtráfico, la corrupción, la debilidad institucional y la delincuencia común, y que el campo sigue oprimido por la insoportable extorsión y la falta de inversión.

No es una cuestión de optimismo o pesimismo como lo plantea el Nobel ante los periodistas. Muchos colombianos ya nos dimos cuenta que la paz de Santos está completamente embolatada, y que el futuro de Colombia hoy está en manos de las honorables Cortes, y de los narcotraficantes que hoy viven su mejor momento en la historia.

Oscar Morales Guevara
@oscarmoralesg

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