EDITORIAL
OPINIÓN: El Engaño Pacifista
Por: Oscar Morales Guevara - Sept 04 - 6:45 pm 1875 hits

Muchos colombianos nos sentimos burlados, engañados, e increíblemente frustrados con el presidente que le regaló todo a las FARC.

OPINIÓN: El Engaño Pacifista

Oscar Morales Guevara - El engaño pacifista - opinion editorial abc¿A qué llaman exactamente paz los pacifistas? Hasta donde los colombianos damos cuenta, seguimos siendo el mismo país violento donde proliferan las bandas criminales dedicadas a la extorsión, al microtráfico, a la minería ilegal, al contrabando, a la mafia y a todas las formas de delincuencia.

Seguimos siendo el mismo país donde grupos armados asesinan permanentemente a miembros de la fuerza pública con francotiradores o en fatales emboscadas; donde siguen secuestrando y cobrando 'vacuna' a agricultores, ganaderos y campesinos; donde siguen atentando contra oleoductos y contra la infraestructura petrolera; y donde grupos armados siguen devastando sin descanso extensas áreas de bosque y selva por cuenta de una minería ilegal desbordada, sin que ninguna autoridad controle o haga siquiera presencia estatal.

Los medios hacen un esfuerzo enorme para ocultar la verdadera situación de orden público del país. Escudados en el sonsonete de la 'paz', la gran prensa capitalina y enmermelada intenta mostrar a Colombia como un remanso de tranquilidad y armonía. Pero las distintas mediciones y encuestas de los últimos meses muestran a un país que está despertando del engaño y que en un 80% rechaza no solo la forma como el gobierno conduce al país y la economía, sino la forma como ha manejado el proceso con las FARC.

¿A que llaman paz cuando, por el contrario, volvimos a ser nuevamente el primer productor de cocaína en el mundo y las FARC el mayor cartel de drogas? Son más de 200.000 las hectáreas de coca que tienen al presidente Santos enredado ante el Presidente norteamericano Donald Trump, y que amenazan con destruir la relación de Colombia con los Estados Unidos.

No olvidemos que Santos prometió a Trump erradicar 100.000 hectáreas de coca este año, y todo indica que se tratará de otra promesa presidencial incumplida como tantas otras, pues a la fecha no hay reportes que indiquen que se haya avanzado mucho en el cumplimiento de la meta.

Por el contrario, los miembros de la fuerza pública encargada de las erradicaciones manuales de coca se enfrentan a diario con bravías comunidades indígenas (presionadas por FARC) que les impiden llevar a cabo su tarea. Los amenazan, los atacan, y hasta los secuestran. Muchos desgraciados los que exponen a nuestros soldados y policías a una muerte segura, existiendo la tecnología aérea para acometer la misma tarea.

En materia de lucha contra las drogas retrocedimos 20 años, y desmantelamos del todo la seguridad democrática (de la administración Uribe) que le había puesto un innegable tatequieto al narcotráfico y que logró una reducción histórica de las áreas sembradas con cultivos ilícitos, en una época en la que estaba vigente el acuerdo de interdicción aérea con los Estados Unidos, había mucha colaboración de las autoridades americanas, las FARC estaban reducidas, y los capos de los carteles y los frentes guerrilleros estaban o escondidos o a la huída.

Tiempo perdido, pues hoy unas FARC repotenciadas siguen dueñas de un negocio que les representa 1.000 millones de dólares en ganancias al año. "El 78 por ciento de los ingresos totales de las FARC corresponden al narcotráfico y más de la mitad de estos dependen de la venta de cocaína a las organizaciones criminales de México", reporta un informe de la revista Portafolio del pasado mes de febrero.

¿A que llaman paz entonces? Hace 6 años, cuando el presidente Santos embarcó al país en la tragicomedia de las negociaciones de 'paz', nos prometió que las FARC se desmovilizarían, que pagarían cárcel, que no habría impunidad, que entregarían la totalidad de su armamento, que devolverían a los menores en sus filas, que desmantelarían las rutas del narcotráfico, que abandonarían su imperio de coca, que desmontarían las decenas de miles de minas antipersonales enterradas por todo el país, y lo más importante, que repararían a sus miles y miles de víctimas.

¿Que se cumplió de esas promesas? Aparte de un aparente cese al fuego (que no lo es) y de la entrega ficticia de sus armas (dañadas), realmente no se cumplió nada, ni hubo justicia, ni reparación a víctimas, y ni siquiera hubo una desmovilización real de las FARC.

Mas sí hubo una descarada, rampante y grosera impunidad. Inmerecida por cierto, toda vez que los asesinos insisten en burlarse de los colombianos, con una soberbia, extremo cinismo e insoportable altanería digna de su extenso prontuario de muerte y terror.

¿Y todo ese show de la paz, con reelección presidencial incluída, al final para qué? Si hoy quedamos en las mismas, con unas disidencias FARC - que de disidencias no tienen nada pues son las mismas FARC - compuestas por miles de facinerosos fuertemente armados, muchos con presencia en Venezuela, quienes siguen controlando el 100% de la actividad delictiva de la organización criminal, siguen controlando la producción de coca, administrando la narco fortuna, y cuidando de las caletas donde aún guardan miles de armas.

De verdad que produce tristeza la extrema ingenuidad de tantos colombianos que siguen engañados con el cuento falso de la paz.

El show de la paz sirvió también para convertir a asesinos terroristas del Secretariado FARC en estrellas del Twitter, disfrazándolos de "intelectuales" que dictan cátedras en foros universitarios, donde jóvenes incautos hacen fila para tomarse una selfie con Timochenko, con Iván Márquez o con Jesús Santrich.

El concierto de las FARC en la Plaza de Bolívar de días recientes fue la última provocación en una larga lista de actos mediáticos que pretenden que olvidemos todo el terror que sembraron, y por el que jamás respondieron ni responderán. El logo (plagiado) de las FARC proyectado sobre la Catedral Primada de Colombia fue un insulto para las miles de víctimas que jamás obtuvieron justicia ni reparación, pero sí un absoluto e imperdonable olvido. Una burla para los colombianos de bien que vemos con estupefacción como el gobierno dejó el país a la deriva para entregar todo a las FARC.

Y para colmo, los colombianos tendremos que trabajar para las FARC por muchos años para pagarles la costosísima factura de 130 billones de pesos de impuestos que costará un post-conflicto que también fabricaron, y todo para que corruptos politiqueros y sus nuevos socios terroristas vivan en el más descarado de los lujos y en total impunidad, protegidos por una justicia sobornable que también se unió a la narco fiesta de corrupción, inmoralidad y socialbacanería.

Nos convertimos en un país sin justicia, hediondo de corrupción, que solo trabaja para pagar impuestos a un despilfarrador gobierno y para engordar la fortuna de ñoños, musas, corruptos congresistas y oscuros magistrados quienes, ahora en la compañía de peligrosos terroristas, le seguirán quitando presupuesto a la salud, al deporte, a las obras de infraestructura y a la educación. Pobre pantano en el que se convirtió Colombia.

Somos un país donde ni siquiera los plebiscitos los respetan, donde la constitución es entregada a las FARC vía fast-track, donde congresistas pagan a magistrados de altas cortes fortunas a cambio de fallos, un país donde la ruta segura para llegar al congreso es robar como loco, poner bombas y asesinar a miles de colombianos.

Es hora de reaccionar, estimados macondianos. Colombia debe despertar del engaño pacifista. De no ponerle freno a tanta impunidad e inmoralidad en las próximas elecciones, las FARC y su narco fortuna terminarán dueñas de la mitad de las alcaldías, concejos y gobernaciones del país de aquí al 2020, impulsadas por una clase política y empresarial tonta, ciega, muda, y extremadamente corrupta.

El mismo camino suicida que vivió Venezuela, solo que aquí no será el petróleo el motor de la dictadura, sino la maldita y abundante coca.

Oscar Morales Guevara
@oscarmoralesg

Nota sobre el autor: Oscar Morales Guevara fue el fundador del movimiento 'Un Millón de Voces contra las FARC', organizador de la histórica marcha del 4 de Febrero de 2008 que sacó 12 millones de colombianos a marchar contra las Farc, contra el terrorismo y contra el secuestro. Oscar fue además el primer Fellow del programa de Libertad Humana del Centro Presidencial George W. Bush en Dallas, Texas.

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