EDITORIAL
Ceguera, cinismo, o falta de patriotismo
Por: Oscar Morales Guevara - Oct 11 - 11:21 am 6267 hits

Al cumplirle los caprichos a las FARC, el gobierno transformó a Colombia en un 'imperio cocalero', sometido a la justicia que impongan los bandidos.

Ceguera, cinismo, o falta de patriotismo

Hay que ser muy ciego, o cínico, para no darse cuenta que en Colombia seguimos bajo la amenaza de ataques terroristas de las FARC y del ELN contra uniformados de la policía y contra soldados del ejército, muy a pesar de los acuerdos de paz firmados entre el presidente Santos y alias Timochenko, líder de las FARC.

La paz llegó a la cúpula de las FARC, llegó a los bolsillos de ministros, congresistas y magistrados, llegó a las cuentas bancarias de los directores de muchos medios de comunicación, pero nunca llegó a los cuarteles de soldados y policías. Para nuestra fuerza pública jamás hubo paz, mas si asesinatos, emboscadas y masacres que han cobrado muchas vidas desde la firma de los acuerdos de La Habana.

La situación de nuestro Ejército y Policía en nada ha cambiado, toda vez que tienen que hacer frente a un narcotráfico salido de control. Solo que ahora están amarrados, con un comandante en jefe que se pone siempre del lado de las FARC y con unos generales que dejaron de ser los grandes estrategas de operaciones como 'Jaque' y 'Camaleón' para convertirse en los alcahuetas de Timochenko, Márquez, Santrich, Álape y demás asesinos amnistiados por el gobierno.

La reciente masacre de tres policías en Miranda, Cauca, por parte de presuntas disidencias de las FARC causó estupor y dolor entre los colombianos, acompañada de la insoportable indignación que produce saber que estas acciones quedarán 100% impunes.

Dicen que son solo disidencias, y piden que ignoremos las muertes de uniformados. Y mientras el ministro de defensa las llama FARC residuales, la gran prensa ni siquiera las nombra y esconde sus asesinatos bajo sofismas de "desconocidos", "hombres armados", e "incidentes", y en el mejor de los casos nos dice que tranquilos, que fue el ELN, como si eso pudiera calmar la indignación ciudadana o hacer menos graves los asesinatos.

¡Ningunas disidencias! Son las mismas FARC, armadas y asesinas, imponiendo su ley y justicia, usufructuando los brazaletes y uniformes de sus alcahuetes socios elenos, o trabajando en conjunto con ellos. Las mismas FARC de siempre en pleno ejercicio de su archiconocida estrategia de 'combinación de todas las formas de lucha'. Una parte en el monte, otra parte en política. Da lo mismo si pasan farianos por elenos.

¿Cómo creer que las estructuras de las FARC que controlan la coca, los laboratorios, las rutas del narcotráfico y los millones de dólares no se comunican con la cúpula? ¿Cómo creer que la gran operación de narcotráfico ocurre a espaldas de Timochenko y Márquez y que la plata se va para otro lado y a ellos no les toca nada?

La paz tampoco llegó al campo, donde muchos campesinos siguen explotados por el narcotráfico y la producción de drogas ilícitas, sin que nuestro Ejército pueda hacer mucho. Nos hacen creer que el campo se llena de proyectos productivos y que los productos agrícolas florecen, pero lo único que crece es el área sembrada con coca, en regiones donde no hay más alternativas, y donde el ejército no hace presencia.

Al cumplirle los caprichos a las FARC, el gobierno Santos transformó a Colombia en un 'imperio cocalero', con extensos territorios cedidos a estructuras del crimen donde la población es sometida a la justicia y al trabajo que impongan los bandidos. Puro y macabro colonialismo fariano combinado con abandono estatal.

Y nadie se pellizca, nadie despierta, y seguimos aplaudiendo la idea que somos el país cuyo nobel de paz firmó la "paz" con el mayor cartel de narcotráfico del planeta, el mismo que produce cocaína a niveles jamás vistos, con una fuerza campesina que trabaja para ellos en vez de estar cultivando café, yuca, papa, palma o plátano. ¿Cómo se le puede explicar eso a los hijos?

Otra reciente masacre, esta vez en Tumaco, Nariño, nos recordó que el narcotráfico es motor y fuente inagotable de violencia. Y que son las FARC quienes manipulan a campesinos cocaleros, generando choques con la policía que intenta erradicar cultivos. También demostró que la erradicación manual de coca es ineficiente, muy peligrosa, y no alcanza a atajar el imparable crecimiento del área sembrada.

Al costo de sonar políticamente incorrectos, los colombianos indignados no nos cansamos de denunciar los hechos y conclusiones que son cada día más difíciles de ocultar:

1. Que las disidencias FARC son las mismas FARC de siempre, ahora en sociedad con el ELN, con quienes controlan laboratorios y extensos territorios sembrados con coca, con el pleno conocimiento de su cúpula en la política, y sin que nadie las persiga.

2. Que tanto fuerzas militares como de policía siguen humilladas, amarradas, y bajo la amenaza terrorista de una guerrilla que nunca se desmovilizó. Los asesinatos de uniformados que en otro país dolerían, son ignorados por un gobierno que solo ofrece impunidad a los autores de crímenes tan atroces y cobardes.

3. Que al darle poder político a las FARC sin que paguen por sus crímenes de lesa humanidad desaparece el Estado de Derecho, alterando nuestra Constitución para que criminales impongan su partido político financiado con millones de dólares de utilidades de la coca, con poder supremo sobre la justicia a través de una JEP que controlarán a su antojo, y la cual convertirán en su máquina personal de venganza. ¡El mayor logro de la revolución!

4. Que la impunidad no puede seguir vendiéndose como la solución universal a nuestra falta de coraje para enfrentar a narcotraficantes y terroristas, pues fomenta la idea de que a mayor grado de muerte y destrucción, mayor será la recompensa, sin arrepentimiento ni justicia para víctimas.

¿En dónde quedó nuestro patriotismo y sentido común? ¿Bandidos revolucionarios al poder y los ciudadanos tan conformes, resignados y tranquilos? Ya es hora de despertar, que nos duela el país siquiera un poquito, y que dejemos de ser tan regalados y cobardes con los narcos, asesinos y bandidos a quienes hoy entregamos Colombia, en nombre de una paz de mentira que jamás existió, pero que vendieron como panacea.

Oscar Morales Guevara

Ñapa 1: A propósito de la masacre en Tumaco, no dejen de ver las declaraciones que el periodista Herbin Hoyos Medina, presidente de la Federación Colombiana de Víctimas de las FARC, ofreció a CNN revelando que las FARC dejaron grupos armados para manejar el narcotráfico.

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